Espiral

Y en todo el día y en toda la noche, en mi sangre y en mis huesos, tan inevitable como el sol, como la muerte, aquí estas, de nuevo.

Sin pedirlo, sin desearlo, en el centro de la nada, donde el sol muere y la tierra ve su fin, te he vuelto a encontrar.

En el hilo del pensamiento, con una mirada rápida y a la luz de una estrella has entrado por mis ojos para marcar mi corazon, otra vez.

Son tus ojos, son tus labios y es tu sonrisa, mas no eres tu

Y justo cuando pensaba que habías muerto, que podía vivir tranquilo, he visto tu estrella en alguien más.

Has renacido y el circulo ha vuelto a comenzar…

Semillas de achicoria

Con la mirada en el techo, la luz apagada, y silencio de la noche, flotan en la habitación  las ideas que evito durante el dia, suspendidas en el aire y una a una caen sobre mi…

“Enfermo de pasiones, de la búsqueda infructuosa de “ella”, también de escribir al aire, al vacio… condenado al olvido…”

“Soñando lo imposible, viviendo lo inevitable, con el dolor de ti, de tu ausencia, en mi eterno esperar, sin una luz tuya, en mi completa oscuridad.”

“Inevitable conocerte, amarte, perderte… un espejo más, inconstante, deambulando por la niebla de los recuerdos y los deseos.”

“En la nostalgia de una mirada, el viento es mi cómplice, la soledad mi consorte… no debo extrañar… me es preciso olvidar.”

“Errante, al inicio de la eternidad, con el sabor de tus labios en mi piel. Agua y fuego, de nada sirven si no estás aquí.”

En mi cama, mirando las ideas caer, se me ocurre preguntar si ¿ya he despertado o apenas es el inicio de una noche más?

Recordando en otros ojos

Sus huesos se llenaron de espuma y un temblor frío recorrió su espina al escuchar la voz lejana, su aliento se detuvo y el corazón le dio ese típico vuelco provocado por las más atípicas razones. El vacío inmediato que llenó su estomago le recordó la sensación que había tenido a las 10 años en su primer beso con la mocosa inalcanzable por las manos mortales de los mocosos de primaria y cuya marca húmeda y calida en sus labios vírgenes le habría de provocar una fiebre de los diablos durante 3 días.

Allí estaba él, como cualquier día en la hora de la noche, sosteniendo el teléfono de siempre, con la mano izquierda como de costumbre, acostado en una cama que no era la suya y en la que ninguna mujer se habría de acostar en por lo menos los próximos 5 años, respondiendo una llamada en el celular

Los ojos de cotidiana expresión triste, se tornaron en un confuso “azul de media noche en luna llena”, o alguno de esos colores nocturnos tantas veces mencionados y que nadie a ciencia cierta conoce, pero que sirven muy bien para explicar lo que con colores primarios o secundarios, si es que existen, no es posible.

La palabra “hola” se congelo en su garganta y gracias a un fortuito atisbo de divinidad pudo decir lo que siempre respondía ante cualquier llamado: “¿cómo estas?”

Pues sí, allí estaba él, en una ciudad cualquiera con el teléfono en una mano y en la otra un corazón que ya estaba resignado a morir con la desdicha de no verla más pero que ahora no sabía si morir de la emoción, la esperanza o de los nervios, jodida cosa, en todo caso habría de morir.

Al otro lado de la línea en una ciudad lejana, en un horario diferente estaba “Ella” y hoy, muchos años después de ver a mi hermano contestar esa llamada, trato de imaginar lo que “Ella” pudo sentir ese día al escuchar la voz de “Él”, y me gusta pensar que tal vez, se le llenaron de espuma los huesos también.

Una platica casual

- Ella está en el norte, donde el clima es extremo…

- ¿Aun la extrañas?

- Si, mas he aprendido a disfrutar el tiempo y la distancia que nos separan. Ella se convirtio en una utopia que me ayuda a seguir adelante. La tomo con el amor, cariño y deseo propio de la misma, sin más ni menos.
La deseo, la añoro, la extraño, la sigo e idealizo y al mismo tiempo procuro no alcanzarla y cuando está cerca la dejo pasar como la arena del mar en las manos para que sea mia por un instante, tan solo para recordarme que existe y que, al estar en este mundo, hace de él un lugar maravilloso.

Quod me nutrit me destruit

Tu nombre, solo eso tengo, solo eso me basta

Una mirada, solo eso me queda y en lo efímero de un sueño, en lo tonto de un destino, un beso me bastó para no olvidarte nunca.

Ahora viajo tratando de alejarme de ti, de tu voz que me atormenta, de tus letras que me llenan, del incesante recuerdo tuyo que me asfixia, de todo aquello que nunca pasó y que ahora no cesa…

Viajando sin ti, con tu recuerdo a cuestas, con el deseo en mi carne y, en mi alma, tu eternidad…

Viajando, tratando de alejarme, me he dado cuenta que a cada paso que doy, estás, inevitablemente más cerca.

Al final, volveré a verte y en el séptimo día volveré a amarte, aunque eso tenga como destino inevitable, mi muerte